Probablemente le cause sorpresa. Se trata del cuarto mandamiento, de entre los diez que Dios mismo dio y escribió con su dedo sobre tablas de piedra. Junto a ese mandamiento, que expresa la voluntad de Dios para el hombre con respecto al día de reposo, se encuentran los otros nueve del Decálogo: “No tendrás otros dioses fuera de mí”, “No matarás”, “No hurtarás”, etc. Quizá le haya sorprendido, debido a que la autoridad que el hombre se auto-atribuyó introdujo cambios, y hoy es ampliamente conocida la versión popular y modificada de la ley de Dios… mientras que se ignora ampliamente el original, tal como Dios lo dio.
Hay una cuestión muy seria, que se plantea inmediatamente: ¿Tiene el hombre autoridad para cambiar la ley de Dios? Dicho de otro modo, ¿puede la criatura elegir su propia ley moral, al margen de la que su Creador instituyó?
Las últimas páginas de la Biblia presentan las escenas finales de la historia del mundo. Allí se describe a la humanidad dividida en dos grupos bien definidos. Uno de ellos rinde homenaje a Dios, con la particular mención de su atributo de Creador (Apocalipsis 14:7-12). El otro grupo rinde homenaje al poder suplantador que el hombre instituyó. No hay un tercer grupo.
Pensamiento de hoy
- Elena G. White
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